Prólogo
Del aula a la innovación
Cuando pensamos en investigación, a muchos se nos viene a la cabeza la imagen de laboratorios gigantescos en el extranjero, científicos con mil títulos o grandes centros de desarrollo. Rara vez miramos hacia un salón de clases. Y ahí, precisamente, está el primer gran error que tenemos que corregir. La innovación no empieza en los escritorios de una multinacional, ni en los laboratorios de una universidad prestigiosa, empieza mucho antes: en el colegio, con un estudiante curioso que decide no tragarse entero el primer "no" o la primera respuesta que le dan.
La transformación real nace de la capacidad de observar lo que está alrededor de nosotros, identificar problemas y atreverse a buscar soluciones. Esta ha sido, sin duda, una de las lecciones más importantes que he aprendido a lo largo de mi vida empresarial. Detrás de cada avance, de cada innovación y de cada proceso que logra generar un impacto, siempre hay alguien que se hizo una pregunta diferente. En un mundo que cambia a una velocidad sin precedentes, formar estudiantes que memoricen información ya no es suficiente. El verdadero reto está en formar jóvenes que sepan analizar, cuestionar, interpretar datos, construir argumentos y generar soluciones creativas a problemas reales. En otras palabras, lo que necesitamos es formar investigadores desde la escuela. Por eso iniciativas como HALO tienen un valor extraordinario.